Autoyuda o la ayuda que no llega

En general, los libros catalogados como de “autoayuda” están mal vistos en nuestra sociedad. Supongo que están mal vistos porque su lectura implica reconocer una debilidad o una necesidad de ayuda.

Ocurre lo mismo con el hecho de ir al psicólogo. Tu puedes ir al dentista o al oftalmólogo que nadie te va a preguntar “pero… ¿qué te pasa?” con cara de preocupación extrema. En cambio la gente es reacia a reconocer que va al psicólogo (del psiquiatra ya ni hablemos) porque lo considera algo peyorativo.

Dicho lo anterior, he de confesar que he leído libros de autoayuda y he ido al psicólogo así que podéis marcarme como tarado, calificativo que por otro lado me suelo ganar sin confesar ninguna de estas dos cosas. Confieso que he pecado.

Centrándome en los libros de autoyuda he de reconocer que hay mucha basurilla pululando por las estanterías. Y reconozco también que la calidad literaria de muchos de estos libros es más que dudosa. Esto suele tener dos consecuencias:

  • Atraen a gente de todos los niveles culturales y a muchísima gente con problemas que esperan encontrar una solución mágica en ellos.
  • Alejan a aquellos con un cierto gusto por lo intelectual y cuyas paladares literarios no soportan la reiteración ni la gramática tan plana que suelen lucir estos libros.

Para redondear el círculo están los títulos de estos libros. Supongo que son los editores quienes los seleccionan para tratar de vender más ejemplares pero ciertamente apestan a vendedor de humo a kilómetros de distancia.

Todo lo anterior suele derivar en que no les demos una oportunidad a libros que ciertamente la merecen. La única manera de llegar a ellos es por una reseña o mediante recomendación personal (teniendo bien clara quien es la persona que nos lo recomienda, claro).

Por ejemplo, el libro “Aprenda optimismo” de Martin Seligman. Se trata de un libro sobre el optimismo como podemos deducir del título pero tiene una componente científica interesante. De hecho el título original en inglés es “Learned Optimism” que podríamos traducir como “Optimismo aprendido” y aunque pueda parecer sólo un matiz es muy importante.

Seligman se pasa buena parte del libro hablando de los experimentos de su equipo con ratones y de la aplicación en los humanos de ciertas conclusiones. Habla de “condicionamiento aprendido” y trata de demostrar empíricamente sus afirmaciones reconociendo a su vez sus limitaciones.

Sea como fuere, leyendo el título y el subtítulo de la edición en español (literalmente “haga de su vida una experiencia gratificante”) puedo comprender cierta tendencia a devolverlo a la estantería ya que esperamos encontrar recetas del tipo “piense en que mañana brillará el sol y verá como se cumplen sus predicciones”. Y sinceramente vivo en una ciudad en la que llueve demasiado y hace mucho frío como para pensar que esas bobadas conseguirán que mañana haga un día espléndido.

Por otro lado, parte de la base de que cualquier libro es de autoayuda (desde una guía de Excel a una buena novela) ya que como mínimo persigue ayudarte a pasar un buen rato. Si añadimos a esto que, en general, o te ayudas a ti mismo o puedes envejecer esperando que otros lo hagan…suelo tender a dar una oportunidad a un gran abanico entre los que incluyo a los de autoayuda.

Lo que creo que la gente no entiende (o prefiere no entender) es que todo el material que versa sobre la personalidad requiere de pasos posteriores a su lectura. Requieren de una etapa de filtrado y de una puesta en práctica. Vamos, lo que desde tiempos inmemoriales se denomina prueba y error.

Lo normal es que cuando compramos una guía de Excel nos pongamos a practicar frente a la pantalla, hacer los ejercicios, etc. Y trabajaremos únicamente en las áreas que necesitemos o nos parezcan interesantes. No voy a leer el capítulo de macros o el de programación si no lo voy a emplear. Quizás me salte los primeros capítulos porque presentan conceptos que ya conozco, etc.

Con un libro de autoayuda el proceso debería ser similar. Leo, me quedo con lo que me interesa y trato de asimilarlo y ponerlo en práctica. No sé por qué hay gente que piensa que somos tan diferentes al Excel (es broma, es broma).

En definitiva, te aconsejo que le des una oportunidad a casi cualquier libro que te venga mínimamente recomendado lleva la etiqueta que lleve. Se selectivo con lo que lees pero no te cierres demasiado. Y las culpas sobre lo que saques en limpio de un libro al maestro armero, es decir, a ti mismo.

Para terminar una bonita cita sobre la lectura, creo recordar, de un libro de autoayuda de Robin Sharma:

“La mano que cierra un buen libro nunca será la misma que la que lo abrió”