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Pónle números a tu intuición: la matriz de prioridades


Cada vez que dices que sí a algo que no tiene importancia, estás diciendo que no a algo que sí la tiene

Robin Sharma

Un aspecto sobre el que, en mi opinión, no se incide lo suficiente es la manera de tomar decisiones. Escribí sobre ello hace unas semanas en “8 etapas de la toma de decisiones en grupo”.

Tomamos cientos de decisiones diariamente y simplificar el número de las mismas es un ejercicio necesario de minimalismo. Nuestra mente se agota tomando decisiones y, si éstas son muchas y nuestro proceso mental es de baja calidad, acabaremos el día con las baterías bajo mínimos.

A los demás les importa una mierda tu productividad

No te preocupes por lo que la gente piensa de ti.

Ellos no piensan en ti para nada.

Sólo piensan en ellos…justo como tú ahora mismo.”

 Son las 8 de la mañana. Te sientas religiosamente frente a tu ordenador y piensas en por qué debes redactar esta oferta que te ha pedido tu jefe para ayer. Sin duda es importante ya que se trata de una de las competencias clave en tu puesto de trabajo y, de consumarse la firma, estarás generando trabajo para tu empresa lo que, en última instancia, significa trabajo para ti.

Te pones los cascos y, después de 4 horas, con sus minipausas (Pomodoro rules), acabas orgulloso tu oferta y se la envías a tu jefe. Abres tu cliente de correo y 50 mensajes inundan a borbotones lo poco que queda de tu enfoque para el día de hoy.

¿Qué ha pasado con mi dieta hipoinformativa? Os lo cuento…

Es obvio lo que la información consume: nuestra atención

Herbert Simon

Bueno, durante casi dos semanas, he estado haciendo un esfuerzo considerable en aplicarme la dieta hipoinformativa (ver “Practica la dieta baja en infoxicación”)

Recordemos que, en esencia, consistía en:

1.     Nada de periódicos, revistas, audiolibros o radio (si no es música).

Practica la dieta baja en infoxicación

Aprender a ignorar cosas es un magnífico camino para llegar a la paz interior

Robert J. Sawyer

Una de las ideas destacables de “La semana laboral de 4 horas” de Timothy Ferriss es el concepto de dieta hipoinformativa. El amigo Ferriss se jacta de no ver televisión, escuchar radio o leer prensa. Es más, dice que le resulta suficiente con leer los titulares de los periódicos en los kioskos, que eso le permite tener conversaciones con gente a la que poder preguntar: ¿qué hay de nuevo por el mundo?

Asimismo, le resulta suficiente con consultar el email una horita los lunes y puede permitirse desconectar el móvil durante sus viajes o mini-jubilaciones. La música y una hora de lectura por placer antes de dormir son lo único que se salva de la quema.

La semana laboral soñada

Concéntrate en ser productivo, no en estar ocupado

Timothy Ferriss

Hace unas semanas, devoré “La semana laboral de 4 horas” de Timothy Ferris. El año pasado me ocurrió con dos libros, uno con el que me identifiqué terriblemente y que leí dos veces del tirón y éste. A pesar de sus casi quinientas páginas, el libro se lee muy fácil porque está escrito (o traducido) en un lenguaje muy sencillo y porque todo lo que cuenta es tremendamente entretenido y original. Lo que lo convierte en original es el propio Tim Ferriss, todo un personaje, a medio camino entre el genio y el caradura.

Vaya por delante que “La semana laboral de 4 horas” no es un libro de productividad personal aunque también habla (incluso le dedica un capítulo) a ello.  Por cierto, muy interesante. Pero no, “La semana laboral de 4 horas” es una declaración de principios sobre un estilo de vida, un estilo de vida al que todos, en cierto modo, deberíamos aspirar: hacer menos cosas de las que no nos gustan para poder disfrutar de las que nos encantan.