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Donde demonios esta Matt

Supongo que muchos conoceréis la historia de Matt Harding o, al menos, sus videos. Se trata de un joven (1976) viajero estadounidense que trabajaba en la industria de los videojuegos y decidió dejar el curro, posiblemente quemado, y viajar por diversas partes del mundo. Esto sucedió (o empezó a suceder) allá por 2005 cuando tendría unos 29 años.

El propio Matt cuenta como casualmente un compañero de viaje le sugirió la idea de grabarse frente a los sitios más significativos haciendo un bailecito (bastante cutre, todo hay que decirlo). Y de esta manera, lo que empezó como una broma privada, se convirtió en una de las series de videos más vistas en Youtube.

Individuos, organizaciones y países enfermos

Hay momentos en que, si me dejase llevar por la deriva, estaría más cerca de tirar la toalla que de seguir bregando y creyendo en el género humano. Por suerte, cada cierto tiempo te ocurre algo que te congratula con nuestra especie y te hace recuperar cierta esperanza.

Pero hoy quiero hablar con dureza del común denominador a individuos, empresas e incluso países que me obliga a calificarlos de “enfermos”. Empecemos por el principio, es decir, por ti y por mí. Lo que tenemos más a mano y lo que, sin duda, podemos cambiar.

En primer lugar, lo que caracteriza a los individuos hoy en día es la total vacuidad. Vivimos en una sociedad cada vez más, conveniente y programadamente, lobotomizada. No ejerceré una defensa de la Iglesia, la familia o la nación pero sí que me permito defender el efecto de cohesión que hasta hace bien pocos años estos referentes proporcionaban a la sociedad.

Autoyuda o la ayuda que no llega

En general, los libros catalogados como de “autoayuda” están mal vistos en nuestra sociedad. Supongo que están mal vistos porque su lectura implica reconocer una debilidad o una necesidad de ayuda.

Ocurre lo mismo con el hecho de ir al psicólogo. Tu puedes ir al dentista o al oftalmólogo que nadie te va a preguntar “pero… ¿qué te pasa?” con cara de preocupación extrema. En cambio la gente es reacia a reconocer que va al psicólogo (del psiquiatra ya ni hablemos) porque lo considera algo peyorativo.