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Sintiéndome como Ignatius J. Reilly


Sólo me relaciono con mis iguales, 
pero como no  tengo iguales no me relaciono con nadie

Ignatius J. Reilly

Permitidme aconsejaros una novela. Se trata de “La conjura de los necios” de John Kennedy Toole. Un libro que leí hace demasiado y que pide ya una segunda lectura.

El caso es que estas últimas semanas no puedo dejar de sentirme como su personaje principal, el gran Ignatius J. Reilly, un orondo cabronazo en toda regla, peleado contra el mundo. Un tipo a caballo entre Don Quijote y Torrente que no tiene desperdicio.

Hay veces que tengo ganas de eso, de no relacionarme con nadie, al menos desde el punto de vista del trabajo y no hablo necesariamente del mundo profesional.

A los demás les importa una mierda tu productividad

No te preocupes por lo que la gente piensa de ti.

Ellos no piensan en ti para nada.

Sólo piensan en ellos…justo como tú ahora mismo.”

 Son las 8 de la mañana. Te sientas religiosamente frente a tu ordenador y piensas en por qué debes redactar esta oferta que te ha pedido tu jefe para ayer. Sin duda es importante ya que se trata de una de las competencias clave en tu puesto de trabajo y, de consumarse la firma, estarás generando trabajo para tu empresa lo que, en última instancia, significa trabajo para ti.

Te pones los cascos y, después de 4 horas, con sus minipausas (Pomodoro rules), acabas orgulloso tu oferta y se la envías a tu jefe. Abres tu cliente de correo y 50 mensajes inundan a borbotones lo poco que queda de tu enfoque para el día de hoy.

Teléfono inteligente no es sinónimo de inteligente con teléfono

El ordenador nació para resolver problemas que antes no existían

Bill Gates

Últimamente me desperezo en mi empresa con el canto del gallo, literalmente. El problema viene cuando el canto del gallo dura toda la jornada laboral y le acompañan esos alegres pajarillos que te destrozan los nervios. No es un vergel, son los malditos avisadores de mensajes whatsapp.

Creo que empieza a ser necesario un poco de e-ducación. El otro día leía en “Sencillo es mejor”, el blog de Irene, la entrada “Me voy a casa, mi móvil no tiene batería”…

¿Hasta aquí hemos llegado?

Atrapado en mi zona de confort de GTD

Quiero compartir con ustedes el secreto que me ha llevado a alcanzar mis metas: mi fuerza reside únicamente en mi tenacidad

Louis Pasteur

Hoy toca entrada un tanto autobiográfica. Creo que GTD tiene sus zonas de confort o al menos yo las estoy padeciendo.  Cuando empiezas con GTD enseguida consigues logros importantes sobre  las “cosas” que consigues meter dentro del sistema. Convertir estas cosas en acciones, introducirlas en la bandeja de entrada única y seguir con los pasos de GTD, así como revisarlas diaria y semanalmente realmente supone un cambio importante en tu vida.

¿Por qué tanta crítica a la “autoayuda”?


Podéis recorrer el mundo entero y no encontraréis una estatua a la memoria de un crítico

Sibelius

Como todas las semanas, estaba leyendo la entrada de Andrés Pérez Ortega y detecto la enésima muestra fóbica hacia la autoayuda. Es más, desde su artículo Andrés apunta a otro artículo “Puedes conseguir lo que te propongas. O no.” que básicamente defiende la tesis de que ya está bien de engañabobos porque, que consigas algo o no, depende únicamente de la suerte.

En primer lugar, creo que la gente es suficiente madura para entender eso de “puedes conseguir lo que te propongas” de manera no literal. Estoy intentando trabajar un poco los niveles superiores de GTD y leo “Metas” de Brian Tracy. Supongo que es un libro de autoayuda porque Brian Tracy defiende exactamente la tesis que se critica “puedes conseguir lo que te propongas”.