Cyberloafing o la holgazarenía digital

Estar en ocio muy prolongado, no es reposo, es pereza

Séneca

El término anglosajón “cyberloafing” se refiere a las actividades que hacemos desde nuestro puesto de trabajo (en horario laboral, of course), que nada tienen que ver con nuestro trabajo y que pasan más o menos desapercibidas para quien nos observa.

Es el camuflaje perfecto para los trabajadores del conocimiento, es decir, todo aquel que pasa su jornada frente a una pantalla de ordenador.

Entre estas actividades tenemos:

  • Hacer compras online.
  • Preparar nuestras vacaciones: itinerarios, reserva de hoteles, vuelos, etc.
  • Consultar nuestras cuentas de email personales.
  • Consultar las redes sociales o nuestro lector de feeds.
  • Navegar por la web: prensa, blogs, etc.
  • Escribir contenidos para nuestro blog, participar en foros, subir fotos a Facebook, etc.

Lo cierto es que, cada vez más, las actividades laborales se mezclan más con las personales pero, no lo olvidemos,  también nuestro tiempo de ocio se ve invadido en muchas ocasiones por actividades laborales. No es una justificación, es un hecho.

¿Qué nos lleva a practicar el cyberloafing?

Las causas pueden ser diversas. Ahí van cinco:

  • Lo usamos  como herramienta de procrastinación, es decir, hacemos esto por no hacer otras cosas (posiblemente más importantes) pero que también nos resultan más desagradables.
  • Lo usamos como “arma contra nuestra empresa”: es perfecto para “parecer que hago” sin realmente estar haciendo nada. Tras esto puede haber un problema muy serio de insatisfacción laboral, pérdida de ilusión o incluso de depresión.
  • Lo usamos como “oasis productivo”: necesito hacer un alto en mi trabajo para despejar la mente y volver a atacar la siguiente tarea, pletórico de concentración y enfoque.
  • Tenemos problemas de adicción y nos resulta imposible dejar de leer todos los tweets o actualizaciones de nuestro grupo de whatsapp.
  • Simplemente somos unos jetas. Nunca hay que descartar la teoría más simple que diría Ockham y su navaja.

¿Qué podemos hacer para evitar el cyberloafing?

Existen herramientas de control para monitorizar el tiempo que los empleados pasan conectados o de filtrado de contenidos para ver a qué sitios se conectan. A los directivos les encantan. A mi me horrorizan.

El control externo siempre debería ser la última de las posibilidades porque realmente no funciona en casi ningún entorno. Para mí, el único control que tiene sentido es el autocontrol y para llegar ahí es necesario concienciar al individuo.

Concienciar al individuo supone ir a la raíz, al meollo: en los dos primero ejemplos que he puesto arriba (procrastinación y arma contra la organización) el cyberloafing es un síntoma y no una causa. El responsable deberá, junto con el trabajador, profundizar en las causas últimas que originan este comportamiento y “atacarlas”.

El coaching, bien entendido, es la mejor herramienta para conseguir solucionar este problema. Pero ojo, aunque el síntoma afecte a la productividad del individuo, las causas que lo provocan pueden ser complejas y no tener nada que ver con la misma. El responsable debe ayudar a que el individuo resuelva sus problemas pero, ni debe tratar de resolverlos él, ni debe usar la vía coercitiva o fracasará.

El tercer supuesto (oasis productivo) puede que incluso sea beneficioso para la organización. Recientes estudios y encuestas sobre este tema parecen sugerir que el cyberloafing en su versión de navegar por la web a las páginas que nos gustan resulta beneficioso para la productividad de los empleados. Consultar tu web favorita o leer la prensa durante 5  minutos tras un bloque de trabajo efectivo de 25 minutos es el equivalente a levantarte y dar un paseo, algo que muchos consideramos necesario (y posiblemente más “sano” que seguir frente a la pantalla).

No obstante, dichos estudios parecen concluir que, en el caso de consultar el correo personal, sucede lo contrario: la productividad sí se resiente. El posible motivo podría ser que, en el primer supuesto, nosotros elegimos lo que vemos y en el caso del email, al no depender de nosotros los correos entrantes ni sus contenidos, pueden derivarse situaciones de pérdida del enfoque y concentración en la tarea, algo muy improductivo.

Los problemas de adicción deben ser tratados por profesionales y pueden llegar a ser muy serios según su grado de desarrollo. No obstante, no quiero ser alarmista y puede que el problema se produzca más a causa de una cierta moda que a causa de un verdadero problema de adicción. Sea como fuere, la solución de nuevo debe pasar por hacer ver a la persona que tiene un problema y que debe ser ella quien lo resuelva poniendo los medios necesarios.

El tema de los jetas o “campeones del ALT+TAB” no merece mucho comentario. Buenos si, un matiz: si, a pesar de todo, cumplen con sus objetivos, puede haber un problema de dimensionamiento en tu organización, es decir, tienes gente “a la que le sobra tiempo” o el puesto en el que están les permite hacer cyberloafing. Tienes que tener cuidado con esto porque estos profesionales están a un paso de usar el cyberloafing como arma o de buscarse una organización en la que no pierdan el tiempo y se sientan más productivos que en la tuya.

Sea como fuere, no reprimas el cyberloafing mediante herramientas o al menos no te limites a eso únicamente. Analízalo y ve a la raíz. Reprimir síntomas sólo lleva a no poder diagnosticar la enfermedad. No habéis visto nunca al Dr. House ¿o qué?