El autorregistro como herramienta para conocerte y mejorar

La máxima más famosa de la antigüedad es “Conócete a ti mismo” (gnōthi seauton), que habría estado escrita en el pronaos del templo a Apolo en Delfos. A pesar de contar con patrocinadores cojonudos como Platón o Sócrates lo cierto es que mucho caso no le hemos hecho ya que tendemos a tropezar muchas veces en la misma piedra.

Hoy quería hablaros del autorregistro. El autorregistro es una técnica de terapia psicológica, en concreto de terapia de reestructuración cognitiva. Sin ser ningún especialista, ni por supuesto psicólogo, es una herramienta que me enseñaron en épocas que no lo estaba pasando muy bien, y aunque hace ya unos cuantos años que experimenté con ella, he seguido manteniendo el hábito de usarla ocasionalmente.

Muy resumidamente, podríamos decir que, como seres humanos, tenemos una tendencia a funcionar en piloto automático en cuanto al ciclo pensamiento-sentimiento-acción. Si pienso que soy un tipo poco atractivo, siento miedo en cuanto se me acerca una chica y, en consecuencia, no me atrevo ni a abrir la boca (el miedo provoca parálisis o salir corriendo, no sé que es peor para el ejemplo que nos ocupa) aunque la pobre sólo quiera preguntarme la hora.

El autorregistro pretende, primero observar (¿de verdad no tengo ningún atractivo?) y, después, modificar pensamientos negativos (pero si bailo como los ángeles y mis amigos me tienen que mandar callar cuando el tema me interesa) y, en consecuencia, las conductas asociadas a éstos (voy a apuntarme a un curso de reggaeton). A veces el mero hecho de observar, el ser consciente, es suficiente para que nuestra conducta sea otra.

No obstante, el autorregistro entendido como anotar un pensamiento, sentimiento o acción cuando éste se produce (o al poco de producirse) es una herramienta flexible que podemos utilizar de manera muy amplia. Algunos ejemplos de autoregistros que practico o he practicado:

  • Cuando estoy tratando de eliminar un hábito negativo, antes de empezar a intentarlo, registro durante un par de semanas cuándo se produce ese hábito, qué es lo que lo dispara, el nivel de ansiedad que me produce y las consecuencias reales de seguir con él o dejarlo en esa ocasión.
  • Cuando quiero cambiar mi manera de pensar. Lo normal es detectar un pensamiento repetitivo que quieres eliminar y sustituirlo por otro más objetivo y constructivo lo que derivará en que lo que sientes y lo que haces cambia a mejor. Sobre todo, hablamos de pensamientos negativos recurrentes y normalmente totalmente injustificados que alteran nuestra percepción de la realidad.
  • Cuando necesito resaltar lo positivo porque estoy un poco “hundido en la miseria”. Alguna vez he hablado que una entrada en tu diario es dar gracias por todo lo que tienes, pues bien, un autorregistro de todo lo bueno que te pasa durante el día será la base de esa entrada y, a su vez, la constatación de que todas esas cosas son reales, existen y te suceden, no son un truco de tu imaginación.

Para llevar a cabo un autoregistro sólo necesitas un trozo de papel, sea ésta tu libreta de productividad o un simple folio doblado que te cabe en cualquier parte. Dibujas una tabla con varias columnas y tantas filas como entradas vayas introduciendo en tu autorregistro.

En función del tipo de autoregistro que quieras construir las columnas podrían ser:

  • Fecha y hora
  • Lugar y/o personas que estas presentes (entrarían dentro de la categoría de “disparadores”).
  • Qué estás haciendo
  • Qué estás pensando
  • Qué sientes
  • Cómo te comportas
  • Intensidad del sentimiento
  • Duración del pensamiento

Un autorregistro tiene, además, una vida limitada ya que sólo se usa hasta que consigas tu objetivo. No lleva más de 10 minutos al día y, eso sí, requiere de un posterior proceso de análisis y reflexión sobre lo anotado.

Una posibilidad interesante en el mundo de la productividad personal es crearte un autorregistro para analizar la procrastinación de tareas. Conocer el esquema mental que nos lleva a procrastinar y a justificar esta conducta es el primer paso hacia la superación.

Otra posibilidad sería llevar un registro de cuándo haces cada tarea durante el día, analizar el tipo de éstas y ver en qué momento del día eres más efectivo con un tipo determinado de tarea. Este autoconocimiento está relacionado con tus biorritmos y es una información sumamente útil que mejorará la asignación y realización de tareas.

Sé que  a muchos os puede parecer una chorrada lo que os propongo. Algunos diréis -este tío todo lo arregla con un papel y un boli. Sólo os puedo decir que a mí me ha funcionado y que, en general, hay un mundo entre los resultados obtenidos tras “pensar” o tras “escribir”.

Voy a acabar con una cita del libro “Entrénate para la vida” de Patricia Ramírez, entre otras cosas psicóloga del Betis y del Mallorca, que por cierto en ese libro incluye muchos ejemplos de autorregistros para la vida cotidiana:

Pensar es una conducta anárquica mientras que escribir es una conducta organizada

Como no podría ser de otra manera,  si lo que queremos es huir de las “trampas” que nos tiende nuestro cerebro, no será muy inteligente utilizar únicamente nuestro cerebro, ¿no?

  • Iago Fraga

    Me ha hecho gracia lo del “vais a pensar que este tío todo lo arregla con papel y boli” pero en realidad ¡es un sintoma de mucha madurez productiva!

    Lo opuesto son las personas que necesitan una aplicacion para cada subproceso (corto o largo) que necesitan. Así que me parece más una ventaja que una pega :D

    Interesantisimo como siempre, Rubén. ¡Un saludo!

    • Es que hay veces que sonamos un poco “gurús vendehumos”. Lo cierto es que, por lo menos yo, pruebo las cosas y veo si funcionan o no me las venda quien me las venda.