El test de la golosina (Marshmallow test)

El que puede mandarse a sí mismo puede obedecer. Y hay quien sabe mandarse, pero está muy lejos de saber obedecerse

Friedrich Nietzsche

 

El otro día participé en una interesante discusión online, en uno de los foros más grandes en español. Se hablaba de si es correcto abrir y comerte algo dentro de un supermercado o no, por supuesto pagándolo en caja (lo otro sería robar).

Me sorprendió mucho la cantidad de personas que defendían que sí, que es perfectamente correcto y normal. Supongo que me hago viejo y que a mi me han educado de otra manera. O supongo que, simplemente, hasta que no pago por algo no considero que es mío (ni creo que lo considere el que lo vende) y puedo hacer con ello lo que quiera.

Lo interesante, para mí,  surgió cuando determinados padres defendían que, no sólo es correcto, sino que no tenían otra opción que dar agua o galletas o patatas fritas a sus hijos, si se lo pedían. No sé muy bien que lleva a unos padres educados en unos determinados paradigmas (como yo) educar a sus hijos en los paradigmas contrarios. Seguro que los sociólogos tienen alguna explicación, yo me quedo en la de que nos estamos volviendo gilipollas.

Sin ninguna base científica, me parece arriesgado ceder (o rendirse abiertamente) al chantaje emocional de esos pequeños monstruitos. Soy de los que piensa que los seres humanos (de 5 años o de 50) somos un poco capullos y tendemos a coger el brazo si nos dan la mano, es decir, que el niño que aprende que con un berrinche consigue algo puede convertirse en el adolescente malcriado que grita a sus padres para volver a conseguir cualquier “algo”.

No obstante, mis opiniones las dejo para mí y para este blog. Me animé a intervenir y traté de contar más o menos esto:

 

Lo que viene a decir el Marshmallow test (que he traducido como “el test de la golosina” -¿Qué coño es un marsmallow en español?) es que,  aprender a diferir una gratificación, no sólo es un síntoma evidente de autocontrol  o autodisciplina sino que, parece ser, que puede ser un predictor de “éxito” en el futuro. No me hace falta que me lo diga Stanford, es pura “lógica productiva”. Si quiero aspirar a tener “perspectiva”, necesito tener “control”, de otro modo es imposible.

Que no hayamos sido capaces de aprender estas cosillas siendo nosotros niños tiene un pase pero, ¡coño!, que como padres actuales fomentemos estos comportamientos no lo tiene, ¿no? Estoy un poco loco porque, ahora, mis amigos van a “escuelas de padres”, compran un montón de libros sobre bebés, etc. ¿Y luego se comportan así? Joder pues les licenciarán en la escuela de padres con una etiqueta de anís del mono.

Creo que muchas veces se confunde “dar todo” con “dar lo que se necesita”. Es como los que confunden “hacer todo” con “hacer lo que hay que hacer” en el mundo de la productividad personal. Incluso ambos tipos de perfil suelen coincidir en una misma persona.

En fin, que hoy tocaba pataleta.

Otro día, me ocuparé de toda esa gente que defendía, en ese foro, no sólo comerte los productos dentro del supermercado sino, además,  no pagarlos: “Total, ¿qué le supone eso a una gran cadena de supermercados?”

Al final, y por muy revertiano que suene, tenemos el país que tenemos, y nos roban como si fuésemos gilipollas, por la única y simple razón de que somos gilipollas (o, al menos,  nos comportamos como tales).

Pero bueno, ese es otro tema…

  • Iago Fraga

    El artículo es ácido como un pastelito de limón hiperconcentrado :D
    :D pero no deja de tener su parte de razón. A mí también me choca un
    montón ver a la gente comiendo por el supermercado y me choca que crean
    que ya es suyo antes de llegar si quiera a la cola. Y por supuesto que
    el autocontrol no solo es una capacidad necesaria de ser productivo sino
    que me parece una medida de tu productividad bastante directa. El
    productivo es alguien que de por sí invierte tiempo y esfuerzo en
    beneficios mayores. La inversión es casi la antítesis de la
    gratificación inmediata.

    Un saludo Rubén!

    • Ya me han dicho varios que a veces mis entradas destilan un poco de bilis; además esta la escribí y no la volví a revisar, algo que sí suelo hacer habitualmente con lo que quizás ha quedado más biliosa aún jajaja.
      Coincidimos, amigo Iago. ¡Un saludo!