La importancia de la primera acción

Supongamos que has definido el componente de visión de tu meta, el componente de resultado y la has activado.

¿Cuál es el siguiente paso?

El siguiente y último paso es en realidad paralelo al de la activación. Se trata de definir la primera acción que te llevará a conseguir tu meta e introducirla inmediatamente en tu sistema de productividad personal.

Es fundamental que pases a la acción cuanto antes y esa primera acción debes definirla y programarla estés inspirado o no. La acción centra tu foco y te ayuda a pensar con claridad. Si te pones a activar diariamente una meta, sobre la que no estás trabajando, corres el peligro de que la mera activación te lleve a reformular tu elemento de visión o incluso toda tu meta.

Lo que se viene denominando “marear la perdiz

La primera acción ejerce de catalizador en la consecución de tu meta por eso te sugiero que la lleves a cabo incluso de una manera un tanto forzada.

¿Necesito planificar todas las acciones asociadas a una meta?

No. Al menos no inicialmente. Lo que sí necesitas, al principio, es dedicar unos minutos a hacer un boceto de las acciones relacionadas con tu meta y decidir la primera que llevarás a cabo. Existen varias técnicas pero quizás la más interesante para hacer esto sea mediante un mapa mental.

Yo últimamente lo hago mediante una simple lista en Word pero posiblemente los mapas mentales permitan llevar a cabo de manera más fluida esta “primera pensada” sobre las implicaciones de conseguir una meta.

En mi caso, el Word va evolucionando a lista de control al añadirle una casilla de verificación o check y a planning al dotarle de un orden de secuencia mediante corta y pega  de los diferentes pasos pero, eso, igual da para un artículo cortito en sí mismo.

Depende de gustos y de cómo está estructurada la mente de cada uno; lo importante es que lo hagas.

¿Por qué sólo un pequeño boceto?

Porque el proceso de activación diario de tu meta va a hacer, posiblemente, que vayas viendo las cosas de diferente manera y que lo que pensaste en el momento inicial quede “obsoleto”. Además, un plan se compone de un desglose de acciones y de un orden de ejecución y si no haces cosas diferentes sí que puedes hacerlas en un orden diferente.

Inicialmente, prima pasar a la acción por encima de planificar. Evita la parálisis por el análisis.

Tras el boceto y una vez definida y programada la primera acción guarda en el cajón dicho boceto durante unos días (o semanas) y escucha lo que se deriva del proceso de activación.

No es magia, es el subconsciente trabajando. Cuando cursaba estudios de escritura, una recomendación común es no releer lo que acabas de escribir justo tras haberlo escrito. Simplemente apaga el ordenador o deja el manuscrito “en reposo” y léelo dentro de unos días. El juicio sobre el mismo muchas veces no tiene nada que ver en función del momento en que lo lleves a cabo.

La planificación definitiva.

Después de ese periodo de maduración y cuando la activación haya hecho que estés más motivado, dedica un tiempo a la planificación detallada.

Esto depende de la complejidad de la propia meta y puede ir desde anotar junto a la formulación de la misma los pasos para conseguirla (suponiendo que no supera los cinco pasos aproximadamente) a ampliar tu mapa mental o lista de control hasta el extremo de necesitar un diagrama de Gantt con sus hitos, entregables, etc.

Lo que sí te digo es que un plan es tan necesario como necesario es no ser esclavo de ese plan.

Hay profesionales (hablo de jefes de proyecto o directores con los que he trabajado) que le tienen tanto cariño a los planes que se olvidan prácticamente de lo que perseguían con ese plan y su cumplimiento se vuelve en tiranía, no sólo para los implicados en la realización del mismo sino incluso para el cliente. Un caso particular de “visión en túnel”.

Si bien es cierto que cuando la meta te viene impuesta por otros es mucho más difícil añadirle un componente de visión, no renuncies a una cierta perspectiva aún dentro del puro control y busca pararte y levantar la cabeza o, para cuando quieras centrar el balón, te habrás ido por la línea de fondo del campo de futbol, como burro con orejeras.

¿Y la siguiente acción?

Pues la siguiente acción no es más que una generalización de la primera acción. Yo he seguido durante mucho tiempo el enfoque GTD sobre cómo gestionar los proyectos que, resumidamente,  es tener en curso una siguiente acción de todo proyecto.

No puedo decir que me haya ido mal pero sí que es cierto que forzar siempre una siguiente acción no siempre es lo más efectivo. Por ejemplo, si hablamos de escribir un libro o hacer un curso, el enfoque de hacer cada día X trabajo funciona pero la calidad de ese trabajo puede resentirse por esa auto-obligación.

Y es que hay cosas que requieren de cierta inspiración para que el resultado merezca la pena. Y quien dice inspiración, dice foco o motivación.

No sirve de nada escribir cinco páginas al día si estás pensando en las musarañas ya que lo escrito acabará en la papelera. No es tan sencillo, de ahí la necesidad e importancia de la activación y el componente de visión.

Resumiría diciendo que, cuanto más fuerte sea el componente de control (orientada a resultados) en una meta, más nos sirve un enfoque como GTD y, cuanto más necesidad de inspiración (visión) necesitemos en una meta, más nos sirve el enfoque de MYN.

Y, por supuesto, como en casi todo en la vida, en el punto medio está la virtud.