Librándome de mi ruido virtual

La rueda más estropeada del carro es la que hace más ruido
Esopo

Cincuenta, y no es un decir, han sido los correos por subscripción que me estaban llegando periódicamente a mi email: boletines, facturas, subscripciones a páginas y blogs, ofertas, descuentos, comunidades de Google+, grupos de Linkedin, etc.

Me los he “cepillado”. Todos.

Es increíble la velocidad a la que crece la “basura virtual” si no le ponemos freno. Y ponerle freno, no es tan sencillo; he estado siete días dándome de baja, con mayor o menor fortuna; algunos emails reviven cual walking deads electrónicos, en otros casos la baja no es automática y hay que ejercitar los derechos LOPD por email, en algunos más hay que acceder al sitio en cuestión y no tienes guardada la contraseña… ¡Un sin dios!

Pero, tras una semana dedicado en cuerpo y alma a ello, ayer domingo creo que sólo recibí un email de éstos (que, naturalmente, me cargué, de raíz). Puedo afirmar, haciendo balance tras la batalla, que me he ahorrado  unos 30 emails basura al día que no me aportaban absolutamente nada útil.

Los llamo basura porque lo son, aunque en ocasiones no lo parezcan. Hay que ser un poco “talibán” a la hora de hacer limpieza: no hagas prisioneros.

Y no te creas, que esta “noche de  los cuchillos largos” cibernética la suelo llevar a cabo cada cierto tiempo. Pero, ¡amigo!, llegan las navidades y te apuntas (o “te apuntan”, ya que la opción de subscripción a la newsletter suele estar activada por defecto) a una web. Haces (o no) tu compra y, finalizada la misma, sigues recibiendo religiosamente información de unos productos que no requieres. Multiplica esto por varias decenas de veces, si eres tan compulsivo como yo, y ya tienes el circo montado y los enanos creciéndote a toda leche en un par de semanas.

A partir de aquí pueden pasar dos cosas, a cada cual peor: que todos los días abras ese mail (esos mails) y pases unos segundos (o minutos) ojeando productos que no buscas o que, además, acabes “picando” y comprando algo que no necesitas, perdiendo tiempo y dinero.

Conclusión: piensa antes de hacer algo.

Corolario: si no has pensado antes, al menos párate a pensar en algún momento.

Aunque en tu día a día, simplemente te limites a seleccionar los emails y marcarlos como leídos, sin abrirlos,  ya estás perdiendo un tiempo valioso en algo que no es necesario hacer.

Toda esa basura, todo ese ruido virtual que nos machaca diariamente, no mata pero sí enferma. Es un runrún constante que ataca a tu inconsciente, erosiona nuestra atención  y nos hace estar ocupados en algo que sobra por completo. Y, ¡ojo! Que esto, como bien sabes, empeora drásticamente si usas avisadores.

Los avisadores de correo electrónico, en concreto, hay que tenerlos desactivados. Eliminarlos. Out. Kaput. Eso es, de primero de productividad.

Pero mira tú por dónde, he encontrado otra fuga importante: el móvil. Al menos yo, tengo instaladas la versión móvil de unas cuantas aplicaciones: correo electrónico (Gmail), Twitter, Facebook, Linkedin y Whatsapp. Y, al menos yo, no me había molestado en revisar concienzudamente la configuración de estas aplicaciones en mi móvil con lo que, los letales avisadores, habían encontrado un caballo de troya a través del que colarse.

Si bien es cierto que suelo silenciar el móvil cuando estoy “haciendo”, el simple tililar de un led en tu móvil es algo que debemos evitar ya que reclama tu atención innecesariamente. Ni te cuento los sonidos (beeps) para grupos de whatsapp, Facebook y esos rollos. Lo mejor, quitarlos todos del todo.

Cuando tú quieras, vas y consultas lo que quieras. Se acabó. Realmente lo que vas a ganar, compensa con creces lo que vas a perder (que se limita, usualmente,  a devolver una llamada o mensaje con un pequeño retraso).

Por último, y ya que estaba de revisión general, he revisado unos cuantos filtros de mi correo, esencialmente para dos cosas. Hay un par de emails de los que te hablaba al principio de los que no he conseguido desuscribirme. No pasa nada. Entras a tu correo, le pones un filtro por “De:” (remitente) y le dices que lo marque como leído o, mejor aún, que lo borre directamente.

Te recuerdo que los filtros aplican muy bien para esos correos que sí te interesa recibir pero que simplemente son informativos y tú decides cuándo te viene bien leerlos. Así que, con un filtro, los mueves a una carpeta o les pones una etiqueta y los marcas como leídos.  Y ya no reclaman tu atención ni mediante un aviso (que también te habrás cargado) ni siquiera apareciendo como “sin leer” en tu bandeja de entrada.

Estas tres labores: revisar y eliminar emails que llegan a tu cuenta de correo yendo a la causa raíz, eliminar avisadores y revisar e implementar filtros de correo son cosas que deberías plantearte hacer periódicamente. Al menos una vez al año. Y también tenerlas en el radar cada vez que, potencialmente, puedes incorporar un nuevo distractor a tu sistema.

Otro día hablaremos de cómo el lector de feeds tampoco es una solución demasiado buena para sustituir a la subscripción por email pero, bueno, lo dejo aquí por esta semana para no dormir a las ovejas…

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