Personajes improductivos (y III): el perfeccionista, el idealista, el controlador y…

Durante tu vida laboral te vas a encontrar con estos personajes en repetidas ocasiones. Algunos resultan más tóxicos que improductivos. En cualquier caso un ambiente tóxico es el caldo de cultivo ideal para la total ineficiencia laboral.

Conocerlos es la base para vencerlos:

9. El perfeccionista o tocapelotas

El perfeccionista es un obstáculo serio de cara a la productividad ya que ningún trabajo le parecerá lo suficientemente bueno lo que provocará un bucle infinito de correcciones y mejoras. El problema en este caso no es la mejora continua sino la “mejora sin fin”.

Un perfeccionista tiene problemas para delegar ya que, habitualmente (léase siempre), considera que los trabajos que no hace él en persona, no son “suficientemente buenos”. La consecuencia más habitual es que un perfeccionista suele convertirse en cuello de botella de todo aquello que gestiona.

Otro problema habitual del perfeccionista es que aplica el mismo grado de exigencia a cualquier tipo de trabajo lo que convierte en ineficientes muchos de ellos. No todo trabajo requiere de la perfección absoluta, únicamente aquellos que aportan verdadero valor.

La única estrategia válida ante un perfeccionista es demostrarle que no pasa nada por no hacer las cosas como él dice y que existen otros mundos (y están en éste). Eso sí, es un poco como un all-in en el poker, si te quedas sin fichas estás en la calle.

10. El idealista o feliciano

El idealista suele ser una persona joven (aunque no es requisito necesario) que proviene del mundo de la formación, calidad o de la consultoría. Se mueve en ámbitos muy teóricos pero nunca ha tenido que bajar a la arena y tratar de pasar de la teoría a la práctica.

El idealista no considera aspectos tales como la comunicación, las habilidades personales, en definitiva la “banda” que son los de su empresa y se limita a teorizar y hacer castillos en el aire. No es capaz de reconocer que lo que ha funcionado en Toyota puede no servir en Cárnicas Gutierrez o viceversa.

Su principal problema es que tiene serias dificultades para pasar a la acción, manteniéndose cómodo en su mundo de piruleta y gominola. Suelen preferir cambiar o culpar a las personas antes que cambiar o culpar a sus teorías.

Dado que nunca consiguen lo que persiguen y no aprenden de la realidad, a la que desprecian, suelen convertirse en unos tremendos promotores de ineficiencia. La única estrategia, si no salen de Matrix, suele ser dejar que se den la hostia (procurando que no salpique).

11. El controlador u obsesivo-compulsivo

El controlador es un personaje agobiante ya que su máximo afán es, naturalmente, tener todo bajo control. No tiene problemas para delegar tareas pero quiere tener tanto control de todo que no permite que la gente haga su trabajo con creatividad e independencia.

El controlador a veces se convierte en un tirano exigiendo plazos imposibles o una cantidad de indicadores, informes y reuniones que no permiten avanzar con el trabajo en sí mismo. Si un controlador es, además perfeccionista, y pesado tendrás frente a ti una de las mayores angustias laborales a las que puedes enfrentarte.

Se habla de controladores obsesionados con los indicadores, los seguimientos, los comités, etc. que jamás han llegado a saber qué leches estaban intentando controlar. Reuniones con doce personales de tres horas es la que sólo hablan dos son signos inequívocos de una organización a la que el sentido común abandonó hace tiempo.

La única manera de lidiar con él es darle lo que pide considerándolo una parte más de nuestro trabajo. Normalmente un controlado lo es por perfeccionismo o por inseguridad así que pueden servirte las ideas esgrimidas frente a estos dos personajes.

12. Tú

Lo llevabas claro si creías que te ibas a librar. Ni tú ni yo somos seres de luz, libres de pecado. Por momentos, nos convertimos en cualquiera de los personajes anteriormente citados. Además, estos roles pueden depender del entorno en el que nos movemos: una persona puede ser un inepto en el trabajo, un controlador con sus hijos y un pesado con sus amigos.

Bromas aparte, es fundamental que analices diariamente las situaciones en las que te has comportado de manera tóxica o improductiva o en las que has detectado la toxicidad de otros. También es muy importante reírse de uno mismo, más incluso que lo que nos reímos de los demás.

Como dice el proverbio ruso..

Si cada uno barriera delante de su casa…¡Qué limpia estaría la ciudad!

 

*Nota: Esta serie de artículos fueron publicados originalmente en “Una docena de…” bajo el título “Una docena de personajes improductivos a los que te enfrentarás”